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Carta de Alianza
Octubre 2009

Queridos hermanos en la Alianza:

Este 18 de octubre celebramos los 95 años del Movimiento de Schoenstatt. Mucho ha sucedido en estos 95 años: se han multiplicado los Santuarios de la MTA, los aliados de María se han extendido por los cinco continentes y muchos de ellos, siguiendo las huellas del P. Kentenich, han dado frutos de santidad de vida al servicio de la Iglesia y del mundo.

Ante tanta fecundidad muchos se preguntan ¿cuál es el corazón, el secreto de Schoenstatt? Hace varios años un joven médico me contó que durante mucho tiempo participó en retiros espirituales y conferencias pedagógicas las cuales le ayudaron mucho en su vida personal, pero recién captó y descubrió lo que es Schoenstatt cuando selló la Alianza de Amor con María y comenzó a vivir en Alianza con Ella. Ese es el corazón de Schoenstatt, la Alianza de amor con María.

Miremos los orígenes de Schoenstatt. En agosto de 1914 estalla la 1ª guerra mundial y muchos jóvenes de la Congregación Mariana deberán partir para el frente de batalla. Para muchos la guerra era causa de euforia patriótica; pero para el P. Kentenich era un signo de decadencia moral, por lo tanto era un llamado a la conversión y a una santidad heroica. El P. Kentenich advirtió inmediatamente que la vida en el frente de batalla demandaría de esos jóvenes todas las fuerzas para mantenerse fieles a sus altos ideales. ¿Qué hacer por ellos? ¿Cómo fortalecerlos en esos momentos decisivos? En esos primeros días de agosto el P. Fundador leyó un artículo en un diario católico sobre la historia del Santuario de Pompeya en Italia, un lugar de gracias surgido no por una aparición de la Virgen sino por el pedido de un laico, el dr. Bartolo Longo, a María. Pompeya fue un lugar de milagros de transformación interior. ¿No podía ser que María también tomara posesión de la antigua capillita de San Miguel, en Schoenstatt, transformándola en un lugar de peregrinación por el ofrecimiento de los congregantes así como en Pompeya lo había hecho por la entrega de Bartolo Longo? Por otra parte ¿qué mejor seguro y amparo podrían tener los jóvenes que debían partir a la guerra que consagrarse a la Santísima Virgen? Si bien había muchos signos confirmatorios de Dios, la decisión de dar ese paso fue para el P. Kentenich el mayor salto de fe en la Divina Providencia, mayor aún que la decisión de ir a Dachau.

Así fue que el domingo 18 de octubre de 1914 a las 17 hs. el P. Kentenich se reunió con unos 50 jóvenes de la Congregación Mariana en la capillita del valle y les compartió una audaz idea: que por la consagración de sus vidas a María y una firme autoeducación en la santidad, María se estableciera en la capilla y la transformara en su Santuario. La Sma. Virgen, por su parte, debía manifestarse allí como la Madre y Educadora para que cada uno alcanzara el mayor grado posible de santidad. Ella atraería hacia allí a los corazones jóvenes para transformarlos y enviarlos como apóstoles de Cristo. Esa fue la 1ª Alianza de Amor, así Dios irrumpió nuevamente en nuestra historia haciendo brotar un nuevo manantial de gracias, el Santuario de Schoenstatt. “Ella quiere ofrecernos aquí, en el Santuario, un hogar espiritual, un terruño, una patria” (P. Kentenich, Prédica en Stuttgart, 28.8.1940) .

Toda la historia posterior al 18 de octubre de 1914 confirma que la Sma. Virgen tomó en serio esa Alianza de los jóvenes. La Alianza de Amor no es una idea, es irrupción de la Gracia, no es sólo un acto ascético, es un camino de vida que transforma, renueva la vida personal y social y la eleva porque está impulsada por el amor de Dios.

Hoy también vivimos tiempos marcados por la decadencia y las turbulencias sociales pero no tenemos miedo. Como en 1914 son tiempos que nos desafían a una santidad heroica, que requieren de nosotros mayor entrega, fidelidad en la fe y un decidido compromiso cívico. Como los primeros congregantes, vivamos hoy radicalmente nuestra Alianza con María, anunciemos y ofrezcamos a muchos hermanos este camino de renovación y seamos así un signo de esperanza cierta. ¡Familia viva, esperanza argentina!

¡Feliz día de Alianza y bendiciones a todas las madres en su día!

P. Javier Arteaga
Carta de Alianza
Septiembre 2009

Queridos hermanos en la Alianza:

El 12 y 13 de septiembre se llevó a cabo en Nuevo Schoenstatt la 4ª Jornada Social de Schoenstatt, donde participaron hermanos de distintas partes del país comprometidos en emprendimientos sociales, políticos, asistenciales y pedagógicos. Como en cada Jornada Social hubo conferencias donde se expusieron temas de actualidad a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, se compartieron experiencias enriquecedoras en los talleres, se estrecharon vínculos fraternos y sirvió para encendernos más en la misión de ser “sal de la tierra y luz del mundo” (Mat. 5, 13-14).

Destaco cuatro momentos de la Jornada Social:

1- “¿Qué vas a hacer por tu Patria? Con esta pregunta buscamos movilizar a la gente para que comprenda que la Patria hoy nos necesita a todos”. Esto lo expresaron los jóvenes de la Fundación 180 de Córdoba que el 25 de mayo pasado “invadieron” el centro de Córdoba y los medios de comunicación planteando esta pregunta y motivando a un cambio de actitudes en pro de una mejor calidad de vida comunitaria y responsabilidad ciudadana.

2- La cuestión social no es sólo lo económico-político, es una cuestión antropológica, que abraca a todo el hombre; por eso urge una renovación y desarrollo integral del hombre, nos recordó el P. Ángel Strada en una magistral conferencia (grabada en Schoenstatt) sobre la encíclica Cartas in veritate y con aplicaciones a nuestra realidad argentina.

3- “El P. Kentenich tenía razón: debemos dar hogar aquí en la tierra para que el hombre comprenda que tiene un hogar en el cielo”. Con estas palabras el P. Pablo Osow nos trasmitió su experiencia al frente de una parroquia en la diócesis de Avellaneda donde ha implementado un centro ambulatorio de rehabilitación para adictos a las drogas, con terapias para adictos y para sus familiares. Pero recordando al P. Kentenich se preguntaba dónde está el sentido de la vida y las verdaderas alegrías de estos jóvenes. A partir de esa pregunta implementó talleres donde poder desarrollar habilidades y que le sirvan para sustentarse en la vida. La parroquia se convirtió así en un hogar de vida, “y Vida en abundancia” (Juan 10, 10).

4- “En el panorama poco alentador de Argentina los cristianos tenemos dos posibilidades: el principismo puro o el compromiso que nos lleva a ensuciarnos con el barro de las situaciones humanas pero sin ensuciar el corazón”. Gonzalo Santamarina, de la Fundación Contemporánea, nos recordó que el fin de la política es el bien común y alentó a buscar juntos caminos para sanear el quehacer político en el país, poniendo el acento en el diálogo y la reconciliación, la educación, la integración social como fuente de paz, la federalidad real y el amor a la Patria.

Podría seguir nombrando los testimonios del Hogar de María de Mar del Plata, de la Casa del Niño en Villa Ballester, de una empresa modelo en Paraná, y muchos más.

A lo largo de los años en el Movimiento han surgido, y siguen surgiendo, variadas iniciativas sociales bajo el impulso de la Alianza con María, quien nos invita y motiva a colaborar con Ella al servicio de los hermanos. Es que quien vive verdaderamente en Alianza de Amor con María no puede dejar de escuchar las necesidades de los hijos de María, sus hermanos; por esa unión profunda con María aprendemos de su actitud solidaria y generosa, que nos lleva a extender esa Alianza de Amor hacia los hermanos. Es así que la Alianza de Amor con María de una realidad religioso-espiritual se amplía a una realidad social de gran trascendencia y significación. Decía el P. K en una conferencia de 1929, año de la gran crisis social y económica: “Como Movimiento tenemos la tarea de ocuparnos de la renovación religioso-moral del mundo. (…) Hasta ahora hemos trabajado por la renovación religiosa. Esta debe desembocar ahora en la solución de la cuestión social.”

Dios nos habla e interpela en los acontecimientos de nuestra Patria:
- la mentira y la corrupción que matan la verdad, la vida y la esperanza;
- la confrontación y la intolerancia, contrarios al amor;
- el rencor que obnubila la razón confundiendo la justicia con venganza.

Esas actitudes aún están allí, enquistadas en nuestras almas y llevan a la pobreza moral y material, escándalo de nuestra Patria. Urge una convivencia cívica y pacífica, respetuosa de la dignidad del hombre, las leyes y las instituciones. Para ello se necesitan hombres y mujeres constructores de dialogo y encuentro, fuertes en la fe y en la esperanza; se necesitan hombres y mujeres que siguiendo las huellas de Dios se animen a tender puentes y a derribar muros que separan; hombres y mujeres que encendidos en amor heroico sean constructores de una cultura de Alianza.

Sí, una cultura de Alianza. ¿Nos animamos?

Desde el Santuario reciban un cordial saludo y bendición en este día de Alianza.

P. Javier Arteaga

“Familia viva, ¡esperanza argentina!”
CARTA DE ALIANZA

Queridos hermanos en la Alianza:

Al venir al Santuario de la Mater en Florencio Varela mucha gente comenta la pobreza que se ve en barrios y “villas miserias” de Bernal, Quilmes oeste, San Francisco Solano y Florencio Varela. Para algunos es un comentario desde la lejanía de una realidad diferente, pero para muchos otros un dolor profundo que no se puede definir…Vemos la pobreza junto a la Terminal de Retiro o en el Bajo Flores de Capital Federal, en las periferias de Córdoba, Rosario, Mendoza y Tucumán, como también la vemos en Formosa, Resistencia, La Rioja o Neuquén; la vemos a los costados de las rutas, al borde de los arroyos y ríos, en los terrenos baldíos y casas tomadas, debajo de las autopistas o pegadas a las vías de los ferrocarriles, en los campos y entre las montañas; allí vemos cómo se desarrolla la geografía de la pobreza argentina. Y duele como una espina clavada en los ojos y en el alma. Pero ese dolor se agranda y agudiza de sólo pensar en toda la pobreza que no alcanzamos a ver…

Cuenta Juan Carr (fundador de la ONG Red Solidaria): “En un barrio humilde del interior llega una enfermera a una salita de primeros auxilios con volantes de la gripe A. Lo primero que piensa es "acá no hay cloacas" o "tienen a su chico internado por desnutrición". ¿Qué les puedo decir de la gripe A?” (La Nación, 16 de agosto 2009).

El 6 de agosto el Papa Benedicto XVI, en un mensaje breve pero muy contundente, en ocasión del lanzamiento de la colecta nacional “Más por Menos”, advirtió sobre la necesidad de "reducir el escándalo de la pobreza y la inequidad social" en la Argentina. Estas palabras del Papa levantaron mucha polvareda en el gobierno y la oposición aprovechó la ocasión para la crítica.

Pero ¿la situación es más vergonzante porque nos lo dijo el Papa? ¿Acaso le agrega más dramaticidad porque lo observe el Papa? No. La pobreza de millones de argentinos es en sí misma dramática y un escándalo para todos. El Papa sólo ha repetido y acentuado las reiteradas denuncias de los obispos argentinos sobre el agravamiento de las condiciones de la pobreza y miseria en el país.

- Sería un error querer tapar esta dolorosa realidad con “cortinas de humo mediáticas”, fútbol o escándalos variopintos: los pobres seguirán estando allí.

- Sería un insulto a los pobres interpretar esta situación desde una perspectiva teórico-ideológica y reeditar la recalcitrante y anacrónica discusión de derecha o izquierda: los pobres han aumentado a pesar de la “lucha” de unos y otros, y peor aún: muchas veces los pobres son usados como la causa de existencia y subsistencia de unos y otros.

- Sería una vergüenza limitarlo a una discusión de porcentajes, si son 15, 20 o 40 % de pobres; pero ocultar y/o cambiar el porcentaje real de pobres en el país es mentir, y una mentira que incide en la vida y la muerte de millones de personas es un crimen.

-Sería miopía política o estúpida arrogancia pretender que la pobreza la solucione el gobierno de turno. Más bien la superación de la pobreza deviene de políticas de estado concensuadas entre los partidos políticos, apoyadas por las instituciones de la sociedad, y aplicadas coherente y fielmente a lo largo del tiempo por los gobiernos de turno. Pero para tener políticas de estado se necesitan políticos con inteligencia, sabiduría y grandeza de estadistas, dispuestos a un verdadero diálogo y con miras al bien común que supere las repudiables mezquindades partidarias y sectoriales.

- Sería una hipocresía si como cristianos dejáramos el problema de la pobreza en las manos de los políticos y economistas desentendiéndonos de toda responsabilidad. “El que dice: Amo a Dios, y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?" (1Jn 4,20).

En la última encíclica social el Papa nos dice: “Sin verdad, sin confianza y amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, y la actuación social se deja a merced de intereses privados y de lógicas de poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad, tanto más en una sociedad en vías de globalización, en momentos difíciles como los actuales” (Benedicto XVI, Caritas in veritate nº 5).

La pobreza es un problema que nos incumbe a todos como sociedad y a cada uno según su rol y responsabilidad. Pensando en el Bicentenario de la Patria que festejaremos el año que viene, como argentinos y católicos no podemos dejar de cuestionarnos y buscar caminos eficaces para ayudar a superar la situación de pobreza de millones de hermanos. Al respecto nos dicen nuestros obispos: “Con vistas al Bicentenario 2010-2016, creemos que existe la capacidad para proyectar, como prioridad nacional, la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral de todos.


Anhelamos poder celebrar un Bicentenario con justicia e inclusión social. Estar a la altura de este desafío histórico, depende de cada uno de argentinos. «La gran deuda de los argentinos es la deuda social. Podemos preguntarnos si estamos dispuestos a cambiar y a comprometernos para saldarla. ¿No deberíamos acordar entre todos que esa deuda social, que no admite postergación, sea la prioridad fundamental de nuestro quehacer?». No se trata solamente de un problema económico o estadístico. Es, primariamente, un problema moral que nos afecta en nuestra dignidad más esencial y requiere que nos decidamos a un mayor compromiso ciudadano. Pero sólo habrá logros estables por el camino del diálogo y del consenso a favor del bien común, si tenemos particularmente en cuenta a nuestros hermanos más pobres y excluidos” (CEA, Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad, nº 5).

Queridos hermanos, en María vemos brillar el amor a Dios que se hace vida en el servicio concreto a los hermanos. Es la cultura de la Alianza de Dios con el hombre y del hombre con sus hermanos que nos enseñó el Padre Kentenich y que nosotros debemos forjar día a día. “Si nosotros como Movimiento Apostólico no intervenimos allí donde nos es posible de una manera enérgica y vigorosa en el engranaje que mueve la historia, entonces habremos soñado un hermoso sueño sobre la renovación moral del mundo. Por ello debemos colaborar para solucionar la cuestión social en nuestros ámbitos” (P. José Kentenich).

Desde el Santuario reciban un cordial saludo y bendición en este día de Alianza.

P. Javier Arteaga

“Familia viva, ¡esperanza argentina!”
CARTA DE ALIANZA
Julio 2009

Queridos hermanos en la Alianza:

En estos días toser nos hace sospechosos. Si alguien estornuda en un bar seguramente quedarán varios lugares vacíos a su alrededor, y si tose en el micro, como le pasó a una señora en Buenos Aires, el conductor le gritará enérgicamente: “¡abra la ventanilla!”, y le repetirá más fuerte “¡abra totalmente la ventanilla!”, sin tener en cuenta si hace frío o llueve. Siguiendo las recomendaciones de las autoridades sanitarias se han suspendido las clases y eventos varios para evitar las aglomeraciones por temor a los contagios; lo mismo ha sucedido con muchos encuentros, retiros y jornadas. También hemos restringido nuestras salidas y reuniones. Es que tenemos miedo. El número de muertos por complicaciones que surgen de esta gripe en enfermos inmunodeprimidos aumenta cada día. ¿La epidemia de la gripe A ha cambiado nuestras costumbres? Parece que sí: muchos ya no se saludan con un abrazo o un beso, ni se dan la mano sino un general “¡hola a todos!”. En las Misas se ha obviado el saludo de la Paz y la comunión se da en la mano. Hasta el mate ya no se comparte en algunas ruedas. Sí, tenemos miedo; el virus de la gripe A nos ha encerrado.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra “miedo”, del latín metus, se refiere a una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. El miedo puede ser un estado de alarma cuando nos encontramos ante situaciones que implican peligro, por lo que muchas veces es necesario para cuidar la vida. Sin embargo, muchas otras veces, el miedo nace de situaciones injustificadas, en donde no hay un peligro real pero la persona exagera y le ve un riesgo excesivo a una situación que no la tiene. Tanto en uno u otro caso el miedo nos lleva a encerrarnos, a replegarnos instintivamente en nosotros mismos.

Como sociedad argentina, en estos últimos tiempos, también hemos vivido muchas situaciones de miedo: miedo ante la inseguridad física y la violencia; miedo a la justicia lenta o ausente; miedo ante la falta de trabajo; miedo a la pobreza creciente; miedo al fraude en las elecciones; miedo a perder las elecciones; miedo de perder el poder y a lo que puede venir después. Recuerdo una película en la que el protagonista, solo en su casa, siente ruidos y le sobreviene gran miedo; se encierra en un cuarto y espera; al cabo de un tiempo, al no escuchar más ruidos, decide aventurarse y abre su puerta. Si bien el miedo nos puede ayudar a preservar la vida, no es bueno vivir largo tiempo en él. El encierro no es sano.

En estos días hemos recibido la muy buena noticia de la convocatoria a un amplio diálogo por parte del gobierno nacional. Algunos dicen que es un sincero reconocimiento de la voz de las urnas; otros dicen que es en una treta engañosa para ganar tiempo como en las anteriores convocatorias al diálogo; otros, sin embargo apuestan a la esperanza y quieren creer que esta vez sí se podrá dialogar.

El diálogo es la forma natural que tenemos las personas y los pueblos para expresar nuestros anhelos, sentimientos, dolores y proyectos. No hay vida social sin diálogo. Pero para un verdadero diálogo se requieren algunas condiciones: 1º decir la verdad, 2º escuchar respetuosamente al otro, 3º buscar el bien y la ganancia de las partes, 4º estar dispuesto a renunciar en algo. O sea, para nosotros, argentinos, el diálogo significa un gran cambio de actitud.

El año pasado, ante la crisis del gobierno y el campo leíamos aquí mismo: “Los argentinos venimos de una larga historia de desencuentros y no queremos más confrontaciones y rupturas. Esa historia ya la conocemos, esos caminos equivocados ya los recorrimos y nos costaron profundas divisiones, irreparables pérdidas humanas, debilitamiento de las instituciones y retraso en el desarrollo social, cultural y económico. Son cicatrices de heridas profundas que todavía están allí y duelen mucho. Los argentinos no necesitamos nuevas luchas que abran heridas antiguas. Hoy necesitamos dirigentes políticos, del gobierno y de la oposición, que ayuden a que estas heridas cicatricen bien y definitivamente; que sepan dialogar respetando las diferencias; que sepan consensuar políticas de estado. Líderes sociales y empresariales que cuiden la unidad, el desarrollo y la paz del tejido social (…) Argentina una vez fue grande porque sus dirigentes supieron incluir y sumar inteligencias y voluntades en un proyecto de Nación que nos transformó en una “tierra de esperanza”.

Queridos hermanos, alguien dijo en estos días que hay un “daño colateral” social de la Gripe A: la sospecha y el miedo al otro. La gripe A es nueva pero el miedo y la desconfianza al otro están muy arraigados entre nosotros. Ojalá que pronto podamos superar ambos males. Uno se vence con prevención y el otro con el diálogo. Y ambas son responsabilidades de todos. Aprendamos de Dios: Él es el Dios de la vida, que quiere nuestra vida en plenitud, y para ello sale a nuestro encuentro buscando el diálogo con nosotros. Es el Dios de la Alianza.

Que María nos enseñe a caminar por la vida en sincero diálogo con Dios y los hermanos, construyendo cada día la cultura de la Alianza, la esperanza argentina.

Desde el Santuario les mando un cordial saludo y mi bendición.

P. José Javier Arteaga

Familia viva, ¡esperanza argentina!
Carta de Alianza
Junio 2009

Queridos hermanos en la Alianza:

Desde la última Carta de Alianza en la que recordamos el mes de la Patria han ocurrido varios hechos que nos han impactado: la multiplicación de casos mortales de gripe A en varios países del mundo declarada ya como pandemia por la OMS; la caída del Airbus de Air France en el Atlántico con cientos de víctimas, la declaración de quiebra de la automotriz General Motors de EE.UU.; la condena del P. Grassi; la salida de Hilda Molina de Cuba para visitar a su madre enferma en Buenos Aires; la inseguridad, los robos brutales y los asesinatos de cada día (que para algún ministro son una “sensación” nuestra), y la campaña electoral legislativa cada vez más judicializada y mediatizada.

Un periodista me decía que en esta “selva” de noticias diarias es muy difícil poder elaborar y “digerir” tanta información. Muchas veces sucede que los hechos importantes y trascendentes son tapados por otros de “último momento” y mediaticamente más impactantes. Creo que debemos discernir lo importante de lo impactante, y ejercitarnos en desarrollar más una “mirada creyente y providente” de nuestra realidad, tratar de “descubrir” el mensaje de Dios detrás de los acontecimientos cotidianos de nuestra vida personal, nacional y mundial como nos lo enseñó el Padre Kentenich.

En este sentido quiero compartir con ustedes dos acontecimientos que marcan nuestra historia como Familia de Schoenstatt, como Iglesia y como nación.

El 1º acontecimiento es el “Año Sacerdotal” 2009 -2010
El próximo viernes 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el papa Benedicto XVI presidirá en la basílica de San Pedro la apertura del Año Sacerdotal que lleva por lema “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote". La ocasión de este año sacerdotal es el 150° aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, Juan María Vianney, que se celebrarán el 4 de agosto de este año. El papa Benedicto XVI proclamará a San Juan María Vianney "Patrono de todos los sacerdotes del mundo".

Desgraciadamente hoy abundan las noticias sobre sacerdotes que han degradado su vocación y han herido el corazón de sus fieles con escándalos y delitos; pero también es verdad que son muchísimos más los sacerdotes que, en silenciosa y firme fidelidad, siguieron y siguen cada día a Cristo entregando su vida al servicio de su pueblo y haciéndose “puente y camino" llevarnos al encuentro de Jesús. Ellos dan literalmente su vida para que nosotros tengamos Vida en Cristo. Recordemos al cardenal Van Thuan, que vivió durante los 13 años en las cárceles vietnamitas - comunistas (9 en régimen de aislamiento) por el simple hecho de ser un obispo fiel a Cristo, al Papa y a su grey. Recordemos a los sacerdotes que dan su vida sacando a los jóvenes de la droga en las villas de nuestras ciudades, como el P. Pepe Di Paola de la villa 21 y el P. Pablo Osow de Avellaneda; recordemos los sacerdotes que misionaron y misionan hoy nuestros campos, montañas y parajes inhóspitos bautizando, evangelizando, enseñando y curando. Pensemos en los sacerdotes que con su amor de padre y paciencia infinita han llenado de fe, sentido y dignidad la vida de tantas personas y familias, tal vez de algunos de nosotros mismos. Pensemos en el Padre José Kentenich, que el próximo 8 de julio celebraría 99 años de ordenación sacerdotal, quien es un referente de fe y vida para cientos de miles de personas; él fue uno de esos tantos buenos y fieles sacerdotes.

Puede ser que algunos se pregunten ¿celebrar un “año sacerdotal” no es algo que atañe solamente al clero? No. Ellos son parte importante de la gran Familia de la Iglesia y, así como se celebra un “año de la familia” o un año “paulino”, este año estamos convocados a renovarnos en la importancia del sacerdocio como Don de Dios para todo su pueblo, y a acompañar y apoyar a nuestros sacerdotes y seminaristas con nuestra oración y acción. Por eso vale la pregunta: ¿Qué me ha dado Dios a través del Padre N o X? ¿Qué puedo hacer por un sacerdote este año?

El 2º acontecimiento que marca este tiempo son las elecciones legislativas 2009.
Dentro de dos semanas estaremos votando legisladores nacionales, provinciales y concejales municipales. Históricamente han sido elecciones tranquilas si las comparamos con las elecciones presidenciales. Pero estas elecciones se plantearon desde un comienzo con un “dramatismo” inusitado (“…aquí se juega el modelo…”, “Está en juego el desarrollo social del país”, “…quieren volver la rueda del progreso para atrás”). Vemos cómo ese discurso casi apocalíptico es acompañado por descalificaciones personales (“son unos traidores”, “esos truchos”), con una masiva propaganda en los medios de comunicación y, hasta ahora, con pocos debates donde presenten y discutan proyectos. “Asistimos, tal vez, a la campaña más sucia y más pobre que haya habido desde la recuperación de la democracia, en octubre de 1983. Las ideas escasean. Lo que abunda es la pelea de baja estofa. Si no fuera que lo que está en juego es el destino del país, todo parecería desopilante.” (Nelson Castro, Perfil, 13.06.09). Este domingo leía lo que piensan jóvenes que votarán por primera vez y qué esperan de los nuevos legisladores. Uno de ellos decía: “Me gustaría que se pueda volver a creer. Que nos den una razón como para que podamos volver a creer.”(Mi primer voto, La Nación Revista, 14.06.09).

El próximo 28 ejerzamos nuestros derechos y deberes de ciudadanos yendo a votar. Cada uno es constructor y responsable de la Patria que anhelamos: unida, justa, solidaria, libre, desarrollada y en paz. Lo que no hagamos nosotros no lo hará nadie: votá, tu voto vale mucho.

Queridos hermanos, que la celebración del 18 renueve y acreciente en nosotros un cálido amor a María, un estrecho vínculo de Familia y un fuerte espíritu apostólico. Con alegría y unidos al Padre Fundador digamos a la Virgen:

“Queremos reflejarnos en tu imagen
y volver a sellar nuestra Alianza de Amor.
A nosotros, tus instrumentos,
en todo aseméjanos a Ti,
y en todas partes por nosotros
construye tu Reino de Schoenstatt.”
(H.P.180)
P. José Javier Arteaga
Familia viva, ¡esperanza argentina!
Carta de Alianza

Mayo 2009

Queridos hermanos en la Alianza:

Estamos en el mes de mayo y dentro de exactamente un año celebraremos el bicentenario de la Patria.

Hace unos días, en una reunión con un grupo de matrimonios, surgió la pregunta ¿podemos “festejar” el bicentenario? Y una mujer respondió: “desgraciadamente no sé qué podemos festejar hoy en Argentina. No tengo esperanza”, y de allí en más cada uno dio su aporte a la lista de desesperanzas nacionales: la pobreza creciente, no sólo por la crisis mundial, sino por el desmanejo interno y la corrupción; los políticos que nos siguen mintiendo descaradamente “construyendo” una realidad a su antojo (por ej. Indec, encuestas, candidaturas testimoniales); la justicia lenta y obsecuente con el poder de turno; la inseguridad y criminalidad desbordada; el flagelo de las drogas que causa muerte y dolor a miles y jugosos negocios a los mafiosos; y la gran crispación social ante todo este desastre. Muchos se preguntan cómo pudimos llegar a esta situación paupérrima en lo social, institucional y moral. En la misma pregunta está la respuesta: la pobreza moral lleva a la pobreza institucional y social. “Corruptio optimi pessima est” decían los romanos; la corrupción del mejor es la peor. La corrupción del que es elegido o convocado y se ha comprometido para altas responsabilidades es la peor, la que hace mayor mal a la sociedad.

Ante esta situación ¿qué se puede hacer? El P. Kentenich decía que cada época de la historia presenta al hombre problemas y desafíos; la clave del éxito o del fracaso está en la forma encararlos. Kentenich decía que están los que se lamentan haciendo grandes análisis de los problemas y culminando estérilmente sus conversaciones como en una charla de café; son los pasivistas. Están los que, parados en su omnipotencia, comienzan acciones que mueren con su propia personalidad de barro; son los activistas. Y están los que movidos por el bien común, con espíritu magnánimo de sacrificio y en comunión con Dios y sus hermanos, construyen el mañana en la dura realidad de cada día; son los constructores de historia. Son los que llamamos padres de la Patria, próceres y nos hicieron una nación grande. Son también los hombres y mujeres simples que no se cansan de trabajar por sus ideales. ¿Existen hoy esos hombres y mujeres en Argentina? Sí. Existen y trabajan mucho, incansablemente. Sólo tenemos que abrir bien los ojos y mirar más allá, ver que hay gente que se compromete y se sacrifica duramente, porque cree y tiene esperanza que es posible un cambio verdadero, fundado en el bien común, el diálogo y la solidaridad.

Por ejemplo, conozco un grupo de jóvenes que para esta semana de mayo en la ciudad de Córdoba van a organizar una acción en la vía pública poniendo carteles, panfletos, spots en las radios y mandando mails masivos con la pregunta “¿Qué vas a hacer por tu Patria?” y luego otra campaña contestando esa pregunta “Yo por mi patria: Si tomo, no manejo”, “No ensucio mi ciudad”, “Respeto las normas de transito”, “Ayudo solidariamente”; “Voto con conciencia”. Conozco a una mujer que durante muchos años llevó adelante muy exitosamente una ONG cuyo fin es colaborar con entidades de bien público en ciudad de Buenos Aires. Por su intachable honradez, conocimiento en la gestión y gran capacidad de trabajo fue convocada como candidata de un partido político para las próximas elecciones; ella, teniendolo todo pero viendo la necesidad de su tiempo, ha dado su sí. Conozco un grupo de gente que ha tomado como compromiso ofrecerse como autoridades y fiscales de mesa en las próximas elecciones.

Conozco muchos misioneros de la Campaña de la Virgen Peregrina que en estos días, al llevar la imagen de la Virgen, piden a la gente que la reciben que recen también por Argentina. Conozco laicos y religiosos que van periódicamente a lugares inhóspitos del país para asistir médica, material y espiritualmente a gente que viven en la pobreza total. Conocemos a los sacerdotes de las villas que ponen y exponen su vida por salvar las vidas de los jóvenes de la droga y su mafia. Conozco también mucha gente, especialmente ancianos y enfermos, que no pudiendo hacer nada extraordinario por la Patria han tomado quizás la tarea más silenciosa e importante: rezar cada día por el país, sus habitantes y gobernantes, pidiendo que descienda sobre nosotros la paz, la verdad, la unidad y el progreso para todos. Podría seguir con otros ejemplos y ustedes también seguramente conocen muchos más que son héroes cotidianos de la honradez, del amor y del servicio. Sólo debemos tenerlos muy presente y contárselo a muchos otros en nuestras conversaciones diarias (para que no sean estériles charlas de café); quizá ellos se unan a alguna de las iniciativas. No nos dejemos ganar por la desesperanza anestesiante. Cambiemos de actitud. Sólo tenemos que abrir los ojos, ver y contarlo: en medio de tanto desastre hay muchos y buenos signos de esperanza. Vos podés ser otro. ¡Vamos, animate!

Al finalizar aquella reunión un hombre dijo: “Dios está siempre junto a nosotros, esa es nuestra fuerza y esperanza; con Él podemos buscar juntos el camino. Vale la pena intentarlo”. Debemos intentarlo cada día; ese debe ser nuestro constante gran anhelo. “Regalémosle un hogar y una Patria al hombre moderno desarraigado. El tiempo que dediquemos a esta labor está bien invertido…Nuestra gran tarea es devolverle a nuestro pueblo un hogar, una Patria.” (P. Kentenich. Jornada “Lucha por la verdadera libertad” 1946)

Queridos hermanos, en una semana celebraremos el 25 de mayo, y en un año el bicentenario de la Patria. Celebremos agradeciendo por el don de esta bendita tierra y comprometiéndonos para mejorarla. Pidamos confiadamente a María por la unidad y el progreso moral y social de los argentinos. Trabajemos diariamente por ese fin.

El 25 de mayo los invito a unirnos en oración a varias comunidades que celebraremos la Sta. Misa en el Santuario de Luján y, en representación de toda la Familia de Schoenstatt, renovaremos la coronación a la Sma. Virgen como “Reina de la Patria Familia” hecha hace 21 años. Esa es nuestra herencia y nuestra gran misión que pide toda nuestra entrega, hoy más que nunca: una Patria con corazón de familia.

Les deseo un bendecido día de Alianza.

P. José Javier Arteaga

Familia viva, ¡esperanza argentina!

CARTA DE ALIANZA

18 de abril de 2009

Queridos hermanos en la Alianza:

Este 18 de abril la Familia de Schoenstatt de Tucumán festeja el 10º aniversario del Santuario. Desde todos los rincones de la Patria los acompañamos con nuestra alegría y oraciones. ¡Felicitaciones!

Este día de Alianza está iluminado por la hermosa luz de la Pascua. El sábado pasado, a la noche, los cristianos nos encontramos en las iglesias a lo largo y ancho de todo el mundo para celebrar con devoción e inmensa alegría la resurrección del Señor. Al encender el cirio pascual y al caminar en la oscuridad guiados por su luz hemos renovado nuestra fe en Cristo que con su Luz de Vida ha quebrado la oscuridad de la muerte y del pecado; Cristo con su Luz de Verdad ha iluminado las tinieblas de la mentira y la corrupción; Cristo con su Luz de Amor ha instaurado la paz en donde había odio y violencia.

En casi todas las ciudades hay tumbas simples y pequeñas de gente común o mausoleos de reyes, de héroes, de próceres, pero de Cristo sólo tenemos una tumba vacía cavada en la piedra y un sudario. Con tan pocas evidencias es difícil para el hombre moderno creer que Cristo vive y que Él es la Vida del mundo. Es más difícil aún cuando se observa que la muerte, con sus mil tentáculos, intenta atraparnos diariamente. La muerte está presente en muchos ambientes y corazones de argentinos donde se acepta la violencia física o psíquica, la esclavitud y el hambre, el aborto y la eutanasia. La muerte está presente donde se vive del crimen, del robo, del lucro y la corrupción, de la coima, de la ley de la prepotencia y del abuso del poder. La muerte y la mentira son hermanas inseparables. Por todo esto muchos hombres hoy dicen: Dios ¿dónde está? Dios se fue, Dios murió.

Si recordamos el Evangelio de la Resurrección (Jn 20, 1-10), san Juan nos dice que el apóstol entró a la tumba, vio y creyó. Sólo unas vendas, nada más, le bastaron para creer. Ésta es la invitación de la Iglesia: ¡Abramos los ojos para ver los signos de Vida en Cristo que hay entre nosotros! En el medio de tantos signos de muerte también crece la Vida: cuando un joven ofrece sus vacaciones para misionar o ir a ayudar a los más necesitados, cuando la enfermera cuida y salva abnegadamente la vida a ella confiada; cuando los padres no claudican en la educación de sus hijos basada en el amor, el respeto a la vida y los valores; cuando el soberbio pide perdón; cuando un empleado rechaza un soborno; cuando el corrupto se arrepiente y enmienda el mal hecho. Todos estos y muchos otros más son signos de la Pascua – Paso de Dios entre nosotros. ¡Abramos los ojos para contemplarla! La Pascua es una invitación a la esperanza, a contemplar la presencia de Dios Vivo entre nosotros.

San Juan nos dice que, junto con “ver”, el apóstol “salió y anunció” lo que había visto. La experiencia de Cristo resucitado fue algo tan grande que les cambió la vida y no lo pudieron callar: había que compartir esa alegría. La experiencia de Jesús Resucitado en la vida de los apóstoles es de ardor y encendimiento interior: “¿no ardía nuestro corazón cuando nos hablaba por el camino?” se preguntaban los discípulos de Emaús (Lc 34, 33-35). Lo mismo le sucedió a Pablo camino a Damasco, o a Francisco en la Porciúncula, o Iñigo de Loyola cuando descubrió que podía servir a un Señor más grande, o a los primeros congregantes con el Padre Fundador luego de sellar la Alianza con la Mater el 18 de octubre: la plenificante presencia de Dios había cambiado definitivamente sus vidas y no podían callarlo. Es que “de lo que está lleno el corazón habla la boca” (Lc 6, 43-46). Fe, ardor y entrega total por la misión. Y una inquebrantable esperanza en el amor de Dios por nosotros. ¡La Pascua es un llamado a creer y a anunciar!

En nuestra Patria vivimos a diario el temor por las consecuencias de la crisis económica nacional e internacional, la inseguridad en todos los ambitos de nuestra vida, el conflicto irresuelto con el sector agropecuario, empresarios y trabajadores que no ven cómo sostener las fuentes de trabajo, alumnos sin clases y maestros sin medios para dictarlas, el dengue como nuevo indicador de la pauperización social a la que hemos llegado, y esa parte de la dirigencia política que sigue manoseando y abusando (legal pero inmoralmente) de las normas electorales para su provecho. Todavía hay mucha oscuridad que espera la luz de la verdad, mucho miedo que espera consuelo, mucha soledad que espera el amor, mucha hambre que necesita Pan de Cristo. Nosotros hemos sido bendecidos, vivimos de la gracia de la Aliamnza de Amor. No por mérito propio, sino por puro amor y gracia de Dios. Cristo y la Alianza son nuestra vida, nuestra fuerza y nuestra esperanza. "Dones son tareas", nos decía el P. Kentenich. Ante tanta soledad y desconsuelo, invitemos a la Alianza de Amor con María; a los que anhelan una vida con más altos ideales ofrezcamos la Alianza de Amor con María; para los que buscan un nuevo impulso en la fe regalemos la Alianza de Amor con María. ¡Salgamos! Regalémosle a 100.000 hermanos la alegría de la Alianza de Amor con María. O dicho de otra manera: regalémosle a la Sma. Virgen María 100.000 Alianzas de Amor hasta el año 2014.

Queridos hermanos en la Alianza, es tiempo de levantar nuestras miradas. Es tiempo de llevar esta Nueva Luz e iluminar los corazones, las familias, los ambientes y las instituciones de nuestra Patria. Es tiempo de renovación, de reconstrucción y trabajo fuerte. Es tiempo de ser más y más "Familia Viva, ¡esperanza argentina!"

Unidos a María, la Madre de la Esperanza, reciban un cordial saludo y mi bendición.
¡Cristo vive, Él es nuestra Esperanza! ¡Feliz Pascua!

P. José Javier Arteaga

CARTA DE ALIANZA
18 de marzo de 2009

Afuera hacía un calor abrasador, el sol del mediodía caía en picada y la calle era un horno. Al entrar en el Santuario el aire fresco y la penumbra eran un verdadero bálsamo para el cuerpo y también para el alma. Un muchacho que estaba adentro al verme entrar se me acercó y me dijo: “¿Padre, me puedo quedar? porque aquí se está bien, aquí está fresco”. Más allá de que no tenía que pedirme permiso para entrar porque el Santuario de la Mater es la casa de todos, me llamaron la atención sus palabras, me recordaron a las del P. Kentenich el 18 de octubre de 1914 en el Santuario: “Todos los que acudan aquí para rezar deben experimentar la Gloria de María y confesar: ¡Qué bien estamos aquí! ¡Establezcamos aquí nuestra carpa!”. Es verdad, el muchacho estaba allí porque el lugar era fresco y por eso se sentía bien, pero también estaba frente a María. ¡Ella tiene tantos caminos para llamar a sus hijos!

Queridos hermanos en la Alianza:

¿Quién no se ha sentido bien en el Santuario de María? ¿Quién no ha experimentado su presencia maternal que nos acoge y cobija cuando nos sentimos solos y desvalidos, o cuando nos sana las múltiples heridas del alma, o cuando nos alegra con el regalo de sentirnos en familia, con una nueva familia espiritual formada por todos sus hijos peregrinos? ¡Realmente es muy bueno estar con Jesús y María en el Santuario!

Esa vivencia la hemos tenido también los que participamos del Congreso 2014, celebrado en Schoenstatt, Alemania, del 1 al 7 de febrero de este año. Fuimos delegados de 32 países de los cinco continentes convocados por la Presidencia Internacional de la familia de Schoenstatt para responder 4 preguntas fundamentales camino a los 100 años de Schoenstatt: ¿qué, cuándo, dónde y cómo queremos celebrar el centenario del Movimiento en el 2014? La cantidad de idiomas y culturas diferentes no fue un obstáculo, al contrario, se vivió una atmósfera de fraternidad y Cenáculo fuertemente guiados por el Espíritu que nos permitió buscar en común las respuestas a las preguntas planteadas.

1. ¿Qué celebraremos en el 2014? Los cien años de la Alianza de Amor con María, la que sellara el P. Kentenich y los congregantes el 18 de octubre de 1914 en el Santuario original. Esa misma Alianza de Amor que hemos sellado nosotros y que tantas bendiciones nos ha significado para la vida personal y familiar como discípulos y misioneros de Cristo.
2. ¿Cuándo? El 18 de octubre del 2014.
3. ¿Dónde? La Mater nos invita a peregrinar al Santuario original, personal o espiritualmente, y unirnos como una sola Familia desde todos los Santuarios Filiales y Ermitas en todos los países. Otro polo de la celebración será Roma, donde se le quiere llevar al Papa todos los frutos de la Alianza de Amor con la Mater a lo largo de estos 100 años.
4. ¿Cómo queremos prepararnos? Creemos que María nos llama a vivir hoy heroicamente en Alianza de Amor y así llevar a nuestro tiempo, caracterizado por el desconcierto y la muerte, más vida y más esperanza. Con Ella queremos construir una cultura de Alianza, crear y fomentar los vínculos entre Dios y los hombres, y entre los hombres como hermanos. Para ello focalizaremos nuestro trabajo en cinco áreas:
1) Matrimonio y familia
2) La juventud
3) Pedagogía del P. Kentenich
4) Iglesia diocesana
5) Compromiso social
Mientras caminamos hacia el Centenario del Movimiento el Símbolo del Padre, regalado por el Padre Fundador para el Santuario original, peregrinará por todas las familias nacionales hasta el 2014.

Hablando de preparación al 2014 les dejo una "idea loca", de esas que tanto le gustaban al P. Esteban Uriburu: que la familia Argentina en el 2014 le regale a la Mater 100.000 Alianzas de Amor comenzando desde hoy. ¿Será posible? ¿Qué les parece? Espero sus respuestas.

Queridos hermanos, para ir terminando: los jóvenes que sellaron la Alianza de Amor en 1914 y que se sentían tan bien en compañía de María en el Santuario tuvieron que partir a los pocos meses al campo de batalla de la 1ª guerra mundial donde dieron un firme testimonio cristiano; el muchacho que buscaba fresco en el Santuario y se encontró con la Mater luego de un rato salió a la calle con nuevas fuerzas para encarar el duro día de trabajo. Nosotros, como ciudadanos argentinos, también tenemos nuestras luchas y desvelos. Este es un año muy difícil, (nuevamente otro). Las palabra más repetidas hoy son crisis e inseguridad. Inseguridad de todo tipo: física, económica, laboral, jurídica, institucional, pero especialmente personal y existencial. Pero cada uno de nosotros sabe que frente al desconsuelo y desamparo puede recurrir siempre al amor incondicional de María; pero los que no lo saben, ¿qué hacen?, ¿de quién se agarran? Les propongo que en este tiempo difícil hagamos lo mismo que hicieron los primeros congregantes en medio de la guerra: SALGAMOS Y OFREZCAMOS LA ALIANZA DE AMOR CON MARÍA. Es nuestro tesoro y es nuestra misión. “Dones son tareas” nos repetiría el P. Kentenich. Ofrezcamos a nuestra gente la posibilidad de llegar a María y Ella les regalará nuevamente fuerza y esperanza para encarar la vida.
¡En Alianza con María seamos signos vivos de solidaridad y esperanza!

Desde el Santuario les mando un cordial saludo y mi bendición.

P. José Javier Arteaga

Familia viva, ¡esperanza argentina!
Carta de Alianza diciembre 2008


Queridos hermanos en la Alianza:

Hace unos días participé de una reunión donde reflexionaban sobre el espíritu de la Navidad. De repente la conversación tomó un curso muy interesante: derivó en lo difícil que se hace festejar esta fiesta. A muchos les trae el recuerdo de seres queridos que ya no están, porque fallecieron o porque las circunstancias los han distanciado. A otros les incomoda el encontrarse con familiares a quienes no quieren ni verlos. A otros les duele la austeridad fruto de la crisis económica; otros dicen que en realidad no saben por qué “festejar” si en este año no hay nada por qué alegrarse. E inclusive se dice que la final del Torneo Apertura de fútbol, que posiblemente se juegue el mismo 24 de diciembre, ha opacado el ambiente de Navidad. Mientras escuchaba estas opiniones, recordaba una antigua canción de Adviento que dice: “Despertemos, llega Cristo, ¡Ven Señor! Acudamos a su encuentro, ¡ven Señor!”. Sí, realmente, estamos como dormidos, ¡despertemos, despertemos!

¿Qué está marcando nuestro espíritu en estos días previos a la Navidad?, “¡Despertemos, llega Cristo!”

Nos dice el Papa Benedicto XVI: “Navidad es la fiesta que canta el don de la vida. El nacimiento de un niño debería ser siempre un acontecimiento que trae alegría: el abrazo de un recién nacido suscita normalmente sentimientos de atención y de premura, de conmoción y de ternura. La Navidad es el encuentro con un recién nacido que llora en una gruta miserable. Contemplándolo en el pesebre, ¿cómo no pensar en tantos niños que aún hoy ven la luz en una gran pobreza, en muchas regiones del mundo? ¿Cómo no pensar en los recién nacidos no acogidos y rechazados, a los que no llegan a sobrevivir por falta de cuidados y atenciones? ¿Cómo no pensar también en las familias que quisieran la alegría de un hijo y no ven colmada esta esperanza? Bajo el empuje de un consumismo hedonista, por desgracia, la Navidad corre el riesgo de perder su significado espiritual para reducirse a una mera ocasión comercial de compras e intercambio de regalos. En verdad, sin embargo, las dificultades y las incertidumbres y la misma crisis económica que en estos meses están viviendo tantas familias, y que afecta a toda la humanidad, pueden ser un estímulo para descubrir el calor de la simplicidad, de la amistad y de la solidaridad, valores típicos de la Navidad. Despojado de las incrustaciones consumistas y materialistas, la Navidad puede convertirse así en una ocasión para acoger, como regalo personal, el mensaje de esperanza que emana del misterio del nacimiento de Cristo”.
¡Despertemos, llega Cristo!

Celebrar a alguien que amamos es una buena oportunidad para recordarlo, agradecerle y renovar nuestro amor y compromiso por él.

· Celebrar la Navidad es celebrar a Dios con nosotros.
Dios viene a nuestro encuentro, es el esperado “Emmanuel” (Is. 7, 13-15). Ya no hay más soledad, Dios ha acortado la distancia que nos separaba de Él; se ha acercado hasta el extremo de hacerse hombre como nosotros y compartir toda nuestra existencia hasta el final. ¡Dios está con nosotros porque nos ama! Sin embargo, hay muchos hombres que no conocen a este Dios tan cercano porque no tienen la experiencia del amor fraterno y familiar. Nuestro compromiso de Navidad es ser testigos del bien, la justicia y la verdad para que el hombre de hoy pueda creer en un Dios presente y actuante en su historia.

· Celebrar la Navidad es celebrar al Dios del Amor.
“Tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo único” (Jn. 3, 16). El nacimiento y la vida de Cristo entre los hombres es el mayor testimonio del amor generoso y solidario de Dios para con nosotros. ¿Qué ganaba Él viniendo a nosotros? ¿Qué nos debía? Nada. Sólo quiso darse todo para que tuviéramos su Vida y participáramos de su Amor. La Navidad es la fiesta del Dios de Amor que se entrega con total generosidad y sin merecimientos de nuestra parte, para que vivamos en Su amor. No obstante, para muchos, hoy el amor es un sueño lejano. Nuestro compromiso de Navidad debería ser forjar vínculos familiares y fraternos más firmes, crecer en el amor generoso y solidario con el que está postergado, compartiendo nuestro tiempo, nuestro pan y nuestro corazón. Salir de nosotros para ir a los otros sin cálculos, por amor, como Dios lo hizo con nosotros.

· Celebrar la Navidad es celebrar al Dios de la Vida.
Cristo se presentó a sí mismo diciendo “Yo soy... la Vida" (Jn 14, 6) y nos reveló la causa de su presencia entre nosotros: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Jesús ha salido al encuentro de los hombres, ha curado a enfermos y a los que sufren, ha liberado a endemoniados y resucitado a muertos. Se ha entregado a sí mismo en la cruz y ha resucitado, manifestándose de esta forma como el Señor de la vida: autor y fuente de la vida inmortal. Jesús ha venido para dar la respuesta definitiva al deseo de vida y de infinito que el Padre Dios, creándonos, ha inscrito en nuestra alma. Pero hoy la vida cotiza en baja en la bolsa de valores en nuestra Patria. El tercer compromiso de Navidad podría ser defender la vida del hombre, desde su concepción hasta su muerte natural, y promover una vida digna, con un techo, trabajo, estudio y salud accesible para todos. Porque Dios es el Dios de la Vida que ama y está presente en cada vida humana.

Queridos hermanos, estamos a una semana de la Navidad, y en este 18 de diciembre, al celebrar la Alianza de Amor con María, le pedimos que nos regale un corazón como el de Ella, abierto al Dios de la Vida, solidario con los hermanos y forjador de familia. Con el Padre Fundador pidamos:

Madre,
Tal como muestras al Niño a pastores y reyes
y te inclinas ante Él adorándolo y sirviéndolo,
así queremos con amor ser siempre sus instrumentos
y llevarlo a la profundidad del corazón humano
.


Desde el Santuario reciban un cordial saludo y bendición para cada uno y sus familias.

¡Feliz Navidad y bendecido año 2009!

P. José Javier Arteaga
Carta de Alianza noviembre 2008

“La seguidilla de episodios de violencia juvenil en las escuelas, incrementada en las últimas horas con nuevos casos en San Isidro, Entre Ríos y Tucumán, enciende una luz de alarma en las aulas. Pero para el ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco, la raíz del problema no está en los colegios y tampoco en los chicos. La responsabilidad es de los adultos y, principalmente, de los padres, dijo ayer en una entrevista con LA NACION. (…)“¿Dónde aprenden los chicos estas conductas? ¿Quién se las está enseñando? No es la escuela ni son los maestros”, advirtió Tedesco, de 63 años y con larga experiencia en organismos de la UNESCO. Fundamentó su opinión en que los chicos conviven en una sociedad con un clima que favorece la permisividad y el hábito de no respetar la norma. Hay que comenzar a identificar ámbitos de enseñanza y aprendizaje de esas conductas violentas. Y puede ser desde los medios de comunicación y los jueguitos electrónicos hasta el propio ámbito familiar…” (Diario La Nación, 9 de abril de 2008)

Queridos hermanos:

Estas palabras de un funcionario nacional reflejan una realidad vivida por todos los ciudadanos: la creciente violencia juvenil tiene una de sus raíces principales en la familia. La carencia de afectos paterno-filiales, la violencia familiar, la ausencia de los padres- que es otra forma de violencia-, la miseria material y la ausencia de políticas que defiendan y promuevan la vida familiar, son algunos elementos que, sumandos, preparan el camino para lo que hoy estamos viviendo.

Pero si ampliamos el espectro de nuestra mirada observaremos que no sólo la problemática de la violencia juvenil, sino que casi todas las dimensiones de nuestra vida social tienen que ver con la familia. Ángela Sannuti, licenciada en psicología (UCA) decía en un artículo: “Una sociedad está hecha de instituciones y comunidades y éstas, a su vez, se apoyan en las relaciones que se entablan día a día. El corazón de estas relaciones empieza a latir en el seno de la propia familia.” (“La familia, donde nace la sociedad”).

En la familia están las raíces de toda sociedad humana. Una condiciona y potencia a la otra. Todos los usos familiares son también usos y costumbres sociales. Éstos pueden ser buenos o malos, pero nunca son neutros. Estos usos y costumbres familiares ayudan para que tengamos una “sociedad con espíritu fraterno-familiar” o para que nuestra sociedad termine siendo “una jungla”. Está en nosotros ayudar a tener una “patria familia” o una “patria jungla” donde reina el sálvese quien pueda. De allí la importancia de que nuestro compromiso hoy sea trabajar concientemente en desarrollar actitudes de ciudadanos de una patria con alma de familia. La pregunta es ¿cuáles son esas actitudes? ¿Cuáles son los valores que las sustentan? ¿Con que espíritu? Decía el Padre José Kentenich en 1949, recién terminada la 2ª guerra mundial: “En la nueva configuración del mundo, se ha de prestar mayor atención a la familia, ella ha de ser concebida como la célula fundamental de la sociedad humana, y por eso ha de ser formada conforme a la idea original de Dios, y pensarla y trabajar por ella desde el pensamiento que tuvo Dios”. Nosotros, que estamos unidos por el fuerte vínculo de la Alianza, nos sentimos llamados a dar nuestro aporte para refundar nuestra Patria desde las bases. Se trata de poner todas nuestras fuerzas y buscar aliados hoy para llenar de valores los distintos ámbitos de nuestra vida familiar, laboral y social. Se trata de vivir la familia, ¡de ser familia viva que da nueva vida!

1. Pensar nuestras familias como forjadoras de ciudadanos.
Anhelamos ser buenas personas en el ámbito personal, pero no es suficiente: debemos educarnos para ser buenos ciudadanos. Ser ciudadanos es tener conciencia de pertenencia a un lugar, a una patria, a la tierra de los padres, porque allí uno se siente enraizado y por ello responsable. El Cardenal Bergoglio dice: “ser ciudadano es sentirse convocados a un bien, a una finalidad con sentido” (“La Nación por construir”, Cardenal Bergoglio). Se trata de un cambio de actitud: dejar de ser meros habitantes para pasar a ser verdaderos ciudadanos. Ese cambio comienza en la familia y en las pequeñas comunidades con espíritu familiar. Desde las familias construimos el país.

2. Pensar nuestras familias como escuelas de fe y dignidad humana.
No tenemos que ser agudos observadores para darnos cuenta que el valor “vida” no cotiza muy alto en la bolsa de valores de muchos argentinos: aborto, eutanasia, asesinatos, violaciones, secuestros, trata de personas, tráfico de armas, droga, corrupción, etc. El hombre no es respetado y valorado cuando no dispone para comer, de medios que aseguren su salud, la instrucción básica, una fuente de trabajo digna, cuando es considerado un objeto más en la cadena de producción. Pero esta imagen “utilitarista” del hombre también se da en la familia cuando el hombre o mujer es tenido en cuenta porque trae dinero a casa, porque es más juicioso, o porque es más inteligente. Dios nos ama porque somos sus hijos - ésa es nuestra dignidad-, no porque hacemos todo bien. En la medida que cada familia sea escuela de altísima dignidad humana nuestro país será el lugar donde cada uno pueda vivir seguro y respetado por lo que es y donde cada persona pueda desarrollarse en plenitud, como hijo de Dios.

3. Pensar nuestras familias como lugares de comunión y diálogo:
En nuestras familias conviven distintos sexos: papá y mamá, hermanos y hermanas; diferentes edades, roles y gustos. Todas estas diferencias muchas veces crean tensiones. Las diferencias no nos dividen, por el contrario, bien aprovechadas nos complementan y enriquecen. En la familia nos unen los vínculos del amor y esa unidad familiar “contiene” a las diferencias que hay en ella y la enriquecen. La clave es la unidad en la diversidad y el secreto es la pertenencia mutua y el diálogo. El Padre Fundador decía al respecto: “La esencia de la auténtica vida familiar consiste en un profundo sentido de responsabilidad por el bien de todos.” Forjar la Patria según este modelo de comunión nos posibilitará entonces el respeto, el reencuentro y la unidad tan anhelados.

Queridos hermanos en la Alianza, la familia, no obstante las dificultades, sigue siendo un gran valor en nuestro pueblo y está en el corazón de nuestra misión como Movimiento de Schoenstatt. Viendo la urgencia del momento presente y como aporte al Bicentenario de la Patria, los delegados de las comunidades diocesanas y los asesores reunidos en la Jornada de Delegados, formulamos el lema que nos motivará en el trabajo del año 2009:

Familia viva ¡Esperanza argentina!

María, la Madre de las Familias, nos ayuda e impulsa en nuestra vida familiar, sabiendo que los lazos que allí vamos tejiendo nos unen en una inmensa red de amor, solidaridad y conciencia de misión desde los Andes hasta el Mar.

Desde el Santuario les deseo un bendecido día de Alianza y Mes de María.

P. José Javier Arteaga
Carta de Alianza de septiembre de 2008

Queridos hermanos en la Alianza:

El 15 de septiembre recordamos el 40º aniversario del fallecimiento del P. José Kentenich, nuestro Padre Fundador. En muchas catedrales y parroquias de Argentina y del mundo se celebraron Misas en su memoria. Una memoria viva que para nosotros es misión y constante desafío.

El Papa Juan Pablo II nos decía en el Encuentro con el Movimiento el 20 de septiembre de 1985 en Vaticano, con motivo del centenario del nacimiento del Padre Fundador. “Desde muchas naciones os habéis reunido para agradecer por el don que Dios os hizo en la persona del P. Kentenich.” Ese don de Dios se manifestó en la vida del P. Kentenich con rasgos muy concretos.

1. Padre
El P. Kentenich fue un claro reflejo de la paternidad de Dios para muchos hombres y mujeres de todo el mundo. Un sacerdote, luego de una larga charla con el P. Fundador, le preguntó: “¿Padre, tiene Ud. alguna intención por la que quiere que yo rece?” y el Padre le contestó: “Sí, rece para que pueda cobijar en mi corazón a millones de personas”.
Vivimos en un tiempo carente de personalidades paternales (no confundir con paternalismo), un tiempo de enorme orfandad y abandono. Esos fueron los mismos dolores que padeció el niño y el hombre Kentenich por la ausencia de su propio padre. Justamente en aquello que Dios lo iba a distinguir como Su instrumento, en ello mismo el Señor debía formarlo, probarlo y educarlo. Es la misteriosa pedagogía divina que aprovecha lo pequeño, lo débil o torcido para sus santos planes de redención. El P. Kentenich anunció con su vida que Dios no es una idea metafísica, un concepto filosófico ni un personaje de la historia, sino un verdadero Padre que ama incondicionalmente. Al respecto decía: “La razón última de la “ausencia” de Dios en tantas almas debemos buscarla en la carencia de personas que lo reflejen. Por lo tanto si nosotros no somos reflejos de Dios misericordioso le quitamos a los hombres de hoy la posibilidad de creer en Él.”

2. Profeta del Dios de la Vida
Desde el más profundo espíritu evangélico, el P. Kentenich, nos enseña que Dios es un Dios vivo y para la vida: “Si queremos vivir en compañía de Dios, si queremos vivir en la presencia de Dios, como se decía antiguamente, si queremos tener un trato de amistad con el Dios vivo, entonces hay que contemplar a Dios en todas partes; hablar con Dios en todas partes, fundados en la fe y el amor…”
Mons. Zollitsch, presidente de la conferencia episcopal alemana, decía al respecto: “Muchos de nuestros contemporáneos –incluso muchos bautizados que se consideran cristianos –viven hoy como si Dios no existiera. No cuentan más con la acción de Dios en este mundo, en sus vidas, en su vida cotidiana. En Schoenstatt buscamos al Dios de la vida, contamos con Él y su acción, día tras día. Hemos aprendido y practicado, día a día, en la búsqueda de las huellas de Dios, la fe practica en la Providencia Divina.”

3. Aliado y misionero de María
Desde que su mamá lo consagró a la Sma. Virgen a los 9 años, en momentos muy difíciles para ella, María fue su madre, su guía y consuelo, su educadora. En ese acto ya está el germen de la Alianza de Amor que más tarde dará origen a Schoenstatt. Él fue el primer aliado de María en Schoesntatt y su gran misionero. Él mismo revela la misión que le confió Dios al respecto; “…mi misión fue y es anunciar al mundo el misterio de María. Mi tarea es proclamar a la Sma. Virgen, revelarla a nuestro tiempo como la Colaboradora permanente de Cristo en toda su obra de Redención, como la Corredentora y la Medianera de las Gracias. Revelar a la Sma. Virgen en su profunda unión a Cristo y con la misión específica que Ella tiene desde el Santuario de Schoenstatt para el tiempo actual” (16 de noviembre de 1958). Proclamar el misterio de María significó para el P. Kentenich mostrarle a los hombres la Madre fiel, el “libro de oro” del cristiano, la imagen, modelo y modeladora del hombre nuevo en Cristo. Pero Kentenich no se queda con María como Madre a amar e imagen a imitar, sino que busca movilizar lo mariano en el seno de la Iglesia para gestar una nueva cultura, que a instancias de María, sea más cristiana, más solidaria, justa y fraterna, y por ello más humana.

4. Comprometido con el hombre y su tiempo
El P. Fundador supo acuñar esa genial frase que define todo su ser y su actuar: “Con la mano en el curso del tiempo y el oído en el corazón de Dios”. Él no predicó una religiosidad espiritualista, desentendida del hombre y su tiempo sino bien anclada en el corazón de Dios y encarnada en el mundo. Pasó dos guerras mundiales, experimentó la degradación humana en un campo de concentración, pasó hambre, crisis económicas y pobreza; vivió con y como su pueblo. En cada tiempo supo buscar las respuestas para las problemáticas del hombre y la sociedad en el corazón mismo de Dios; asimismo buscó caminos de aplicación sencillos y profundos para que llegaran al corazón del hombre. Fue valiente para denunciar todo lo que atentara contra la dignidad y la integridad del hombre como hijo de Dios. Fue fiel y franco con su Iglesia, asumiendo que tiempos de grandes cambios requieren renovación, creatividad, valentía y un nuevo ardor en el modo de vivir y transmitir la fe.

Querida Familia de Schoenstatt, al comenzar estas líneas les decía que la memoria del P. Fundador es memoria viva, que nos motiva y desafía a la misión. Mons. Tenhumber, obispo de Münster, Alemania, dijo una vez a la Familia de Schoesntatt que éramos “la carta de presentación de la santidad del Padre”. Una carta de presentación que de nosotros depende que sea “legible, motivadora y atractiva”. Por nuestra intensidad y calidad de vida en la Alianza, por nuestra valentía para vivir auténtica y creativamente nuestra misión, la Iglesia y la sociedad recibirán lo que nosotros mismos hemos recibido en la persona del Padre Fundador. O no. En este nuevo 18 podemos estar infinitamente agradecidos por el Don recibido pero también recordemos que somos deudores del Padre y de su fundación.

“Ustedes, a su manera pueden ayudarme a llevar la responsabilidad
y compartir la misión de la Familia…
Quien tiene una misión debe cumplirla, aunque un salto mortal siga al otro.”
(P. J. K., 31 de mayo de 1949)

Sí, Padre; ¡tu herencia nuestra misión! Aquí estamos, vamos contigo, nuestra mano en tu mano, nuestro corazón en tu corazón.

P. José Javier Arteaga
CARTA DE ALIANZA

Queridos hermanos en la Alianza:

El viernes 8 de agosto pudimos ver la magnífica apertura de los juegos olímpicos 2008 en Beijing. Palabras, cantos y bailes, destreza física, creatividad e ingenio, colores, luces y formas. Miles de hombres de todo el mundo estaban allí realizando y participando de esa maravilla; el espíritu del hombre estaba allí presente. Mientras escribo esta carta leo que ya fueron otorgadas 75 medallas de oro junto a otras tantas de plata y de bronce. El esfuerzo y la excelencia tienen su premio. Hace unos días leí un artículo que decía: “Cada atleta entrenó por mucho tiempo, preparó su estrategia y llegó a los juegos con la esperanza de llevarse un reconocimiento y una victoria. Todo se juega en pocos minutos. Algunos suben al podio de los vencedores, otros se contentan con haber participado. Algunos tendrán una segunda oportunidad en 4 años, otros no. La historia grabará algunos nombres y otros, como muchos, permanecerán en las memorias individuales de sus seres queridos y allegados”.

Nuestra vida tiene mucho de juego olímpico: sueños, esfuerzos, conquistas, victorias y derrotas. Ya sea en lo personal y en lo familiar, en un grupo pequeño o como nación, siempre estamos en carrera, a los saltos (a veces muy altos o muy largos), levantando pesas, lanzando jabalinas, haciendo goles o errándolos, llegando primeros, segundos o últimos. Tanto en los juegos olímpicos como en el juego de la vida lo importante es tener claro la meta ¿qué quiero alcanzar? el adecuado entrenamiento ¿Cómo me prepararé y lo lograré? y el fin último- trascendente ¿para qué hago todo esto?

Seguramente un jugador de fútbol no logrará ganar una medalla de oro si se pone a lanzar discos. Para ello es menester preguntarse cuáles son las capacidades y talentos personales y consecuentemente ponernos las metas a conquistar. Muchas frustraciones en la vida tienen su origen en la falsa percepción sobre uno mismo. Algo semejante pasa con la vida de un país: cuando se interpreta su historia y su presente con una mirada parcial o deformada estamos determinando un futuro mediocre y frustrante porque no está fundada en la verdad. En Argentina tenemos aún muchas metas por alcanzar: la unidad en la diversidad, el respeto a toda vida humana, el progreso equitativo para todos, etc., y para ello necesitamos hombres y mujeres de espíritu grande y generoso, atletas de la verdad y del amor.
Pero con las capacidades solas no llegaremos muy lejos; a los talentos personales debemos sumarle el esfuerzo del entrenamiento para desarrollarlos. Y para ello muchas veces necesitamos la ayuda de especialistas, de entrenadores, de los mejores que quieran sumar sus conocimientos en pro de la meta, de un bien común. ¿Por qué países como China, Estados Unidos, Alemania, Corea del Sur o Rusia han ganado hasta ahora la mayoría de las medallas de oro? La respuesta no es difícil: porque tienen un objetivo claro y han puesto todas sus posibilidades orientadas a ese fin, y evidentemente tiene muchas posibilidades, comenzando por las organizacionales, económicas, científicas, etc., etc.

Así sucede en la vida personal: solos no podemos, somos seres interdependientes. Pensando en la Patria recordé una excelente entrevista a Claudio Fernández Aráoz, uno de los mayores especialistas internacionales en la búsqueda de líderes empresariales, que publicó el diario La Nación el 30 de agosto pasado. Ante la pregunta si en la Argentina hay una masa crítica que ayude a pegar un salto cualitativo como país, Claudio Fernández Aráoz decía:
“En primer lugar, para que la Argentina pegue ese salto no hacen falta genios ni grandes ideas. Nunca es así para ningún país ni para ninguna organización que aspira a la grandeza. Más que grandes estrategias, hacen falta una opción consciente para perseguir la grandeza y un trabajo disciplinado para alcanzarla. Una primera condición es el liderazgo adecuado al máximo nivel. No tengo dudas de que tenemos candidatos potenciales calificados en el país, pero tenemos que aprender a elegirlos. La segunda condición para dar el salto es que los líderes correctos armen bien sus equipos. Y para esto la Argentina cuenta con una masa crítica más que suficiente de talento. Nuestra nación se construyó y se hizo grande en su momento por las aspiraciones de grandeza de nuestros predecesores, a pesar de las frustraciones inevitables de todo trabajo de liderazgo”.

¿Pero para qué sirve tanto esfuerzo y alcanzar finalmente la meta? El mismo San Pablo, a quien evocamos en este año paulino, nos lo dice claramente en la primera carta a los Corintios 9,25: “¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! Los atletas se privan de todo, ¡y eso por una corona corruptible! Nosotros, en cambio, por una incorruptible”. No perdamos de vista el fin último de nuestra gran olimpíada: la Vida Eterna en Dios.

Queridos hermanos de Alianza, con todo el amor y el respeto que me inspira la Sma. Virgen, me animo a decir que para las olimpíadas de nuestra vida tenemos la mejor entrenadora: María. Ella, la llena de gracia, que hizo este camino junto a su Hijo y ya llegó a la meta del Cielo, es la más interesada en que nosotros también lleguemos y podamos “subir” todos, junto a Ella, al podio de los benditos de Dios en el Cielo. Mientras tanto sigamos “entrenando”, trabajando por el bien, la paz, la solidaridad y la justicia cada día, construyendo aquí la cultura del encuentro y de la Alianza. El Padre José Kentenich desde el Cielo nos alienta: “¡Alegres en la esperanza y seguros de la victoria, con María, hacia los tiempos más nuevos!”.
Desde el Santuario les envío un cordial saludo y bendición en el día de Alianza,
P. José Javier Arteaga

"DESDE EL SANTUARIO, DISCÍPULOS-MISIONEROS PARA UNA PATRIA FAMILIA"
Carta de Alianza – julio 2008

Queridos hermanos de Alianza:

El pasado 29 de junio el Papa Benedicto abrió el Año Paulino en conmemoración de los 2000 años del nacimiento de San Pablo. El apóstol Pablo, el último de los apóstoles del Señor, es considerado uno de los mayores evangelizadores de todos los tiempos. Pero ¿en qué radicaba el misterio de su misión? Por su propio testimonio sabemos que no estaba en su oratoria o en su presencia. De hecho, conforme afirmaban algunos de la comunidad de Corinto “tenía poca presencia y era un pobre orador” (Cf. 2Cor 10,10).
Pablo se distinguía por el “conocimiento” (2Cor 11,6). En esto estaba la “diferencia” de su predicación con la de los charlatanes. Este conocimiento del que habla no se reduce a su formación intelectual sino que se refiere a su “experiencia personal” de Jesucristo.

Respecto a la formación intelectual, Pablo llevaba consigo un bagaje cultural que incluía un conocimiento profundo de la tradición judía y nociones de la filosofía y religión griega de su tiempo. Sin embargo, la experiencia que hizo en el camino de Damasco, conocida como “conversión”, marcó profundamente su vida, más que todos los estudios y prácticas religiosas.

Fue en el camino de Damasco que empezó su gran transformación interior. El perseguidor radical de los cristianos tiene un “encuentro” con Jesucristo que lo hace caer por tierra, justamente cuando perseguía a los cristianos. Según la narración de los Hechos de los Apóstoles, Pablo queda ciego por esta experiencia. El Señor lo manda a Ananias, quien lo acoge y tiene una visión en la cual el mismo Señor le hace una afirmación sobre el Apóstol: “ése es mi instrumento elegido para difundir mi nombre entre paganos, reyes e israelitas” (Hech 9,15). Al cabo de un tiempo Pablo recobra la vista, como símbolo de la nueva forma de ver la vida en y desde Cristo.

Pablo pasa de ser “perseguidor” de cristianos a ser “seguidor” de Cristo, su discípulo y misionero. De la conversión nace la misión en cuyo fundamento está una convicción: “sé en quién he puesto mi confianza” (2Tim 1,12). La motivación y el contenido del anuncio de Pablo es la fe en Jesucristo y el vínculo - amor total a Él, a punto de decir: “ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y mientras vivo en esta carne mortal, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gál 2,20).

Como Movimiento apostólico, Schoenstatt está vinculado desde el principio con el apóstol de las gentes. Ya los primeros estatutos de la Congregación mariana y también los de la Federación apostólica mencionan a San Pablo como su patrono. Desde 1935 la expresión visible de esto son las estatuas de los apóstoles San Pedro y San Pablo que desde entonces adornan el altar del Santuario, y que actualmente se encuentran en todos los Santuarios filiales del mundo. El P. Kentenich desarrolló innumerables temas centrales de nuestra espiritualidad inspirado por las enseñanzas de San Pablo, como ser el Hombre Nuevo en Cristo; la fe práctica en la Divina Providencia; la incorporación, pertenencia y membralidad en Cristo; y especialmente el espíritu apostólico y misionero que debe impulsarnos a los cristianos. Al respecto nos dice San Pablo: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!” (1 Cor. 9, 16).

¡Qué gran regalo del Espíritu Santo es este año paulino! El Papa nos invita a descubrir a Cristo, seguirlo y anunciarlo con el amor y la pasión de San Pablo. Como él también queremos mirar nuestro tiempo con ojos críticos y ayudar a construir nuestra sociedad con los altos valores de la verdad, la justicia, la solidaridad y el amor en Cristo.

¿Qué nos diría San Pablo si hoy caminara en nuestra Argentina?
- Ante el comercio de voluntades en la política y el actual “plan canje en Senado” (la Nación, 12 de julio 2008) nos diría: “No se engañen; de Dios nadie se burla. Pues lo que uno siembre, eso cosechará: el que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna. (Gal. 6, 7-8)
- A los que viven de la mentira y el robo les diría: “Por tanto, desechando la mentira, cada cual hable con verdad con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. El que robaba, que ya no robe, sino que trabaje con sus manos, haciendo algo útil para que pueda hacer partícipe al que se halle en necesidad.” (Ef. 4, 26-28)
- A los que promueven la confrontación y la desunión les diría: “No salga de la boca de ustedes palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen. Que desaparezca de entre ustedes toda acritud, ira, cólera, gritos, maledicencia y cualquier clase de maldad, sean más bien buenos entre ustedes, entrañables, perdonándose mutuamente como los perdonó Dios en Cristo Jesús. (Ef. 4, 31-32)
- Ante los que se cansan de luchar les diría:” No nos cansemos de obrar el bien; que a su tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos.” (Gal. 6, 9)

Queridos hermanos en la Alianza, como discípulos y misioneros de Cristo sigamos construyendo en nuestro ambiente la cultura de la Alianza y del encuentro. Pongamos nuestra mirada en Cristo, caminemos de la mano de María y escuchemos estas palabras de San Pablo, que después de casi 2000 años, siguen despertando la fe, anunciando la esperanza y conservando gran actualidad y fuerza profética.

Reciban un cordial saludo y bendición en el día de Alianza,

P. Javier Arteaga

Carta de Alianza – junio 2008


Queridos hermanos en la Alianza:

El domingo 8 de junio el Santuario de Ntra. Sra. de Schoesntatt en Rosario cumplió 15 años y toda la comunidad rosarina preparó un gran día de festejos que culminó con la Sta. Misa presidida por Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario. Las celebraciones estuvieron marcadas por la alegría y el agradecimiento por las gracias recibidas en estos 15 años y, también, por la gran preocupación en torno a la situación del campo y el gobierno. Mucha gente de Rosario y de las ciudades vecinas, manifestaban que el rendimiento de sus trabajos había caído en picada y temían por su subsistencia. Dolor, bronca e impotencia ante la grave situación.

El jueves 12, a las 18 hs., unas 1400 personas se congregaron en la Plaza San Martín de Buenos Aires a rezar el “Rosario Camino al Bicentenario”. La idea partió de un grupo de laicos del Movimiento de Schoesntatt que, preocupados por la situación del país y teniendo en el horizonte el bicentenario de la Patria, se preguntaron ¿Éste es el país que soñaron y por el cual trabajaron y lucharon los Padres de la Patria? ¿Los valores que nos dieron origen como la solidaridad, la unidad y bien común, son los valores que nos mueven hoy como nación? ¿Qué país estamos construyendo? Manuel Belgrano exaltaba la unidad diciendo: “Es la joya más preciada que tienen las naciones. Todos...deben amarla de corazón....No importa que les falten grandes recursos. Con la unión, hallarán los medios de suplir su escasez. Con la unión se sostendrán. Con la unión serán respetables. Con ella se engrandecerán.”

El sábado 14, mientras la mayoría de los argentinos se preparaba para celebrar el día del Padre, todos nos sorprendimos por la detención de Alfredo De Angeli junto a 18 personas por la Gendarmería Nacional en la ruta 14 en Gualeguaychú. Cacerolazos, bocinazos, manifestaciones en las esquinas y caravanas de autos fueron las reacciones espontáneas en todo el país a esa medida del gobierno. Horas después fueron liberados. Acabo de leer que, ante la convocatoria de las agrupaciones agrarias a realizar un día de protesta el próximo miércoles 18, grupos piqueteros progobierno llamaron a responder con otra convocatoria ese mismo día con la consigna de Edgardo Depetri de “reventar la Plaza de Mayo para detener el golpe en marcha” (La Nación, 16 junio 2008).

A cada hora la situación se complica más y no hay perspectivas de que se quiera solucionar por una vía razonable. La sensación palpable es que siempre cuando se está ante un posible diálogo “alguien oculto patea el tablero”, todos se echan la culpa y todo vuelve a punto muerto, o peor, se tensa más la cuerda. Pareciera un plan maquiavélicamente organizado con el fin de irritar, crispar, acorralar, provocar y dividir.

Los sentimientos de estos días son dolorosos porque no se ve una salida. Más allá de las enormes pérdidas económicas “nos sentimos heridos y agobiados” porque perdemos una oportunidad única para crecer en lo institucional y económico con el consecuente desarrollo social; y lo que más nos alarma es que vemos que están en juego valores fundamentales de nuestra vida ciudadana y republicana:

- La verdad: es manoseada grotescamente para beneficio propio y es la primera víctima en este conflicto: se la tergiversa por mandato ideológico, se la “retoca” en las estadísticas y se la “acomoda” históricamente según convenga.

- La justicia: está puesta en duda a causa de su extrema lentitud en muchos casos o de su sospechosa rapidez en otros. “La efectiva independencia de los poderes legislativo y judicial es un punto clave de la plena vigencia del estado de derecho” (Un gesto de grandeza, Conf. Episcopal Argentina, 5 de junio 2008).

- La autoridad: está en juego la credibilidad en las autoridades porque no hay confianza en sus actos. Nos dicen los obispos: “En esta perspectiva una autoridad responsable significa también una autoridad ejercida mediante el recurso a las virtudes que favorecen la práctica del poder con espíritu de servicio: paciencia, modestia, moderación, caridad, generosidad” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 410)…. “No es propio de los poderes públicos empeñarse como parte en los conflictos, sino abocarse a su solución como principales responsables del bien común de acuerdo a las funciones que a cada uno de ellos les atribuye la Constitución Nacional.” (Un gesto de grandeza, CEA, 5 de junio 2008).

- La unidad: Vemos que no hay verdadera conciencia del valor de la “unidad en la diversidad”, de gobernar por consensos, de buscar el diálogo sincero y el bien común deponiendo la idea propia; por el contrario, seguimos en una actitud confrontativa, imaginando complots o azuzando la idea para desunir y confrontar. “Se están atizando hogueras de rencores, violencia y enfrentamientos. Es un juego peligroso e irresponsable de imprevisibles consecuencias en donde todos los argentinos podemos perder mucho.” (Carta de Alianza mayo 2008). “Pedimos, por ello, encarecidamente al Gobierno de la Nación que convoque con urgencia a un diálogo transparente y constructivo, y a los sectores en conflicto que revean las estrategias de reclamo. Ni la moderación en las demandas, ni la magnanimidad en el ejercicio del poder son signos de debilidad.” (Un gesto de grandeza, CEA, 5 de junio 2008).

- La paz social: finalmente todo esto lleva a poner en juego la convivencia pacífica del pueblo. “Los argentinos venimos de una larga historia de desencuentros y no queremos más confrontaciones y rupturas… Son cicatrices de heridas profundas que todavía están allí y duelen mucho” (C. A. mayo 08). Nos dicen nuestros obispos “Consideramos que la solución sólo puede encaminarse mediante gestos de grandeza y una vigencia aún más plena de las instituciones de la República.” (Un gesto de grandeza, CEA, 5 de junio 2008).

Queridos hermanos, son tiempos difíciles; Dios nos habla y espera nuestra respuesta. Este 18 de junio, ante los que llaman a la confrontación, los convoco a unirnos en

DÍA DE ORACIÓN POR LA PAZ Y LA UNIDAD.

Peregrinemos a los Santuarios y ermitas y recemos un Rosario por la Paz y la Unidad, pidiendo firmemente a María, Madre de los argentinos, que ilumine las mentes, abra los corazones y disponga las voluntades de las partes en conflicto hacia el reencuentro y la paz. Que los Santuarios de Ntra. Sra. de Schoenstatt sean en este tiempo focos de unidad, paz y renovación para todo el pueblo de Dios.

Tiempos difíciles exigen mayor entrega en la Alianza. Como discípulos de Cristo, y con el ejemplo del Padre Kentenich, construyamos la Patria con alma de Familia.

Reciban un cordial saludo y mi bendición,
P. José Javier Arteaga

Desde el Santuario, discípulos misioneros para una Patria Familia


Carta de Alianza – mayo 2008

Queridos hermanos:

Hace un mes una vasta zona desde Rosario hasta La Plata se vio envuelta en una densa nube de humo provocada por grandes incendios de pastizales en las islas del delta del Paraná. Esos incendios no solamente ocasionaron problemas de salud, daños materiales y ecológicos sino que también, a causa del humo y las neblinas, se produjeron graves accidentes en las rutas que causaron muertes y muchos heridos.

Por otra parte en estos días hemos recibido las imágenes impresionantes de las explosiones del volcán Chaitén, en el sur de Chile, cuyas grises cenizas han cubierto las localidades aledañas nublando la visión, irritando los ojos, haciendo irrespirable el ambiente y provocando la evacuación masiva de las poblaciones. Las cenizas ya han cruzado la cordillera cubriendo ciudades y campos de nuestra patagonia y pampa.

Humo y ceniza, falta de visión e irritación, dolor y desconcierto, parecen una metáfora de lo que hoy, en otro orden, también estamos viviendo los argentinos. Hablo de otro humo, denso y peligroso, que nos está impidiendo convivir como hermanos, ver con claridad nuestra realidad, y crecer como nación.

- Es el humo de la soberbia que hace extralimitarse en los poderes, abusar de ellos, comprar voluntades y querer “doblegar y arrodillar” al oponente.
- Es el humo de la intolerancia que nos separa en “nosotros y aquellos”, en ganadores y perdedores, que confunde opositores con “enemigos” buscando la confrontación constante, como justificación de su existencia, y provocando desunión.
- Es el humo de la mentira como modus operandi, que encubre y tergiversa la verdad para acaparar rapazmente más poder y riquezas: “miente, miente que algo quedará…”
- Es el denso y fiero humo del odio que obnubila la razón y las conciencias confundiendo el derecho con revancha y la justicia con venganza.
Pero el humo, con todo lo irritante y pernicioso que es, es también inconsistente.

Hace dos semanas, luego del primer paro agropecuario, todos nos alegramos cuando el gobierno y las organizaciones que representan al campo se sentaron a dialogar. En algunos temas hubo avances, pero en el más controvertido, las retenciones móviles, se tiene la sensación de que fue un juego de desgaste, de dichos y desmentidas para dilatar los tiempos con el doble fin de irritar al campo y obligarlo a “reaccionar” con otro paro y, por lo tanto, no llegar a tocar el tema de las retenciones. Y así fue: el campo está de paro nuevamente. “Ellos serán los responsables del desabastecimiento y la inflación”, acusan cerca del gobierno. Pero se sabe que la inflación no ha sido provocada por el campo.
“El que gana más debe aportar más” critican de un lado, pero nadie pone eso en duda; lo que se discute es el método: las retenciones, al no ser coparticipables, no llegan por igual a todos como los impuestos y pueden ser usadas arbitrariamente. En la escalada de imputaciones y sospechas mutuas debemos tener cuidado: siempre hay grupos que se aprovechan de nuestras peleas, y hay otros grupos de exaltados obsecuentes que pueden hacer desastres. Se están atizando hogueras de rencores, violencia y enfrentamientos. Es un juego peligroso e irresponsable de imprevisibles consecuencias en donde todos los argentinos podemos perder mucho. Por eso el llamado imperioso a las partes implicadas en esta crisis: PIENSEN EN EL BIEN DE TODOS Y RETOMEN EL DIALOGO. Pero para un verdadero diálogo hay que:
1º decir la verdad, 2º escuchar respetuosamente al otro, 3º buscar el bien de todos, 4º estar dispuesto a renunciar en algo. O sea, un gran cambio de actitud.

Los argentinos venimos de una larga historia de desencuentros y no queremos más confrontaciones y rupturas. Esa horrorosa historia ya la conocemos, esos caminos equivocados ya los hicimos y nos costaron profundas divisiones, irreparables pérdidas humanas, debilitamiento de las instituciones y retraso en el desarrollo social, cultural y económico. Son cicatrices de heridas profundas que todavía están allí y duelen mucho. Los argentinos no necesitamos nuevas luchas que abran heridas antiguas.
Hoy necesitamos dirigentes políticos del gobierno y de la oposición que ayuden a que estas heridas cicatricen bien y definitivamente; que sepan dialogar respetando las diferencias; que sepan consensuar políticas de estado a largo plazo. Líderes sociales y empresariales que cuiden la unidad, el desarrollo y la paz del tejido social; líderes que sepan luchar por los proyectos propios sin “aniquilar” a los demás. Argentina una vez fue grande porque sus dirigentes supieron incluir y sumar inteligencias y voluntades en un proyecto de Nación que nos transformó en “tierra de esperanza”.

Incluir, dialogar, respetar, consensuar son palabras de un nuevo “lenguaje” que debemos aprender todos los argentinos. Incluir, dialogar, respetar y consensuar son las actitudes que dan fundamento y sustento a la vida social, democrática y republicana que hoy debemos conquistar en todos los ámbitos, hasta en la vida familiar. Cambiemos hacia una convivencia más dialogante y respetuosa que busque la unidad. Basta de luchas y revanchas; ¡caminemos hacia una cultura del encuentro, hacia una cultura de Alianza!

Pero en medio de estas oscuras nubes podemos ver algunas luces de esperanza que brillan ante nuestros ojos y nos sirven como indicadores para el camino a seguir:
- la dignidad de un pueblo que pide firme y pacíficamente se respeten sus derechos;
- el apego a la democracia participativa como forma de gobierno y vida ciudadana;
- la exigencia de independencia, sanidad y agilidad de los tres Poderes del Estado;
- el diálogo sincero y respetuoso como modo de dirimir nuestras diferencias;
- la búsqueda del bien común como valor mayor.

Creo que el Padre Kentenich hoy nos repetiría las palabras de San Pablo a los Romanos (8, 22): “Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo con dolores de parto”. En Argentina hoy estamos sufrimos los dolores del parto de una nueva cultura más solidaria, más responsable, más dialogal y más democrática. Una Patria con alma de Familia.

Queridos hermanos, pronto celebraremos el 25 de mayo, camino a bicentenario del 2010. Pidamos confiadamente a María por la unidad y el progreso de los argentinos. Trabajemos firmemente por ese fin. Ese día un grupo de peregrinos de varias comunidades celebraremos la Sta. Misa en el Santuario de Luján y, en representación de toda la Familia de Schoenstatt, renovaremos la coronación a la Virgen como “Reina de la Patria Familia” hecha hace 20 años. Esa es nuestra herencia y nuestra gran misión que pide toda nuestra entrega, hoy más que nunca.

Les deseo un bendecido día de Alianza.

P. José Javier Arteaga

"DESDE EL SANTUARIO, DISCÍPULOS - MISIONEROS PARA UNA PATRIA FAMILIA"